
PRINCIPALES VICTORIAS
- Omloop Het Volk: 1969, 1979
- Tirreno-Adriatico: 1972, 1973, 1974, 1975, 1976, 1977
- Milano-Sanremo: 1973, 1978, 1979
- E3-Prijs Harelbeke: 1971
- Ronde van Vlaanderen: 1977
- Paris-Roubaix: 1972, 1974, 1975, 1977
- Flèche Wallonne: 1971
- Liège-Bastogne-Liège: 1970
- Giro d'Italia: 22 etapas (4 en 1972, 3 en 1973, 1 en 1974, 7 en 1975, 4 en 1976, 3 en 1979)
- Paris-Bruxelles: 1981
- Tour de Suisse: 1975
- Tour de France: 1 etapa en 1970
- Vuelta a España: 1 etapa en 1984
- Giro di Lombardia: 1974, 1976
- Cyclo-cross World Championships: 1975
OTROS RESULTADOS
- Milano-Sanremo: 1969 (2º), 1977 (2º), 1981 (2º), 1974 (3º)
- Paris-Roubaix: 1970 (2º), 1978 (2º), 1979 (2º), 1981 (2º), 1976 (3º)
- Road World Championships: 1975 (2º)
- Giro di Lombardia: 1973 (2º)
ROGER DE VLAEMINCK (1947)
Albert Colpaert, prometedor ciclista belga nacido en 1919, vio cómo la Segunda Guerra Mundial trastocó el desarrollo de su carrera. Logró conseguir una licencia profesional en 1944 para escapar de la deportación a Alemania, donde los jóvenes belgas tenían que realizar un trabajo obligatorio. Era un ciclista muy rápido, y había practicado el ciclismo en pista formando pareja con Philibert de Vlaeminck, otro joven de Eeklo con una punta de velocidad destacable, que optó por casarse con Laura Six, que pertenecía a una familia de vendedores ambulantes que en verano recorrían Flandes en un carruaje tirado por dos caballos. No es que Laura Six fuese zíngara, pero para los lugareños de Eeklo, una zona de pobreza extrema, Philibert se había casado con una "Gitana". Se podría pensar que el apodo de su hijo Roger tiene un origen familiar, pero parece ser que fue un periodista francés, que no sabía su historia, quien comenzó a llamarle así por considerarle un espíritu libre e independiente.
Colpaert, tras finalizar su carrera ciclista, regentó junto a su esposa una tienda de bicicletas en Eeklo, que era visitada por los jóvenes del lugar, como Eric y Roger de Vlaeminck, que disfrutaban escuchando sus historias de los viejos tiempos. Sin embargo, el joven Roger no optó inicialmente por el ciclismo, y con 16 años, en 1963, firmó con el Football Club d’Eeklo, equipo con el que compitió durante un año en tercera división. Cuentan los que le vieron jugar que era un jugador muy técnico, con gran precisión en su pierna izquierda, aunque, algo frágil, le costaba aguantar físicamente los 90 minutos. El hijo de Albert Colpaert, Ronny, le convenció para intentarlo en el ciclismo, donde se ganaba algo más de dinero. Le dejó una bicicleta y, el 22 de junio de 1964, Roger disputó por primera vez una carrera ciclista en Loppem. Una semana después obtuvo su primer ramo de flores y, sobre todo, un premio de 500 francos, una suma superior a la que los escolares podían obtener en el primer equipo de fútbol de Eeklo, que se reducía a 20 francos. De Vlaeminck pasa al profesionalismo en 1969 con el equipo Flandria, debutando en la Het Volk, que gana.
Lieja-Bastogne-Lieja 1970. Eddy Merckx, como siempre que disputa una carrera, es el verdadero protagonista de la carrera. Realiza innumerables ataques, seleccionando cada vez más el pelotón. De los 138 participantes, sólo 36 conseguirán llegar a la meta. Poulidor, In 't Ven y Van Impe son los últimos en ceder, tras el enésimo ataque del belga, quedando el grupo reducido a seis unidades. A falta de unos 20 kilómetros para llegar al velódromo de Rocourt, Merckx, que sigue desparramando competidores, ataca de nuevo en la subida a Forges. El único que le puede aguantar es Roger de Vlaeminck, y ambos se dirigen hacia la meta, a la que se llegará tras cruzar la ciudad belga. No consiguen distanciarse lo suficiente de sus perseguidores y son alcanzados a su paso por la antigua ciudad industrial por los cuatro últimos supervivientes de la masacre de Merckx: Herman Van Springel, Georges Pintens, Frans Verbeeck y el hermano de Roger, Eric de Vlaeminck. Los seis ciclistas llegan juntos al túnel que da entrada al velódromo pasando por debajo de las tribunas, el túnel en el que nace la desmedida rivalidad entre El Gitano y El Caníbal… “El túnel giraba hacia la derecha. Mi hermano estaba en el centro, yo estaba en la derecha, y Merckx en la izquierda. Le dije a mi hermano que fuese un poco hacia la izquierda, y así lo hizo. Aceleré por fuera y Merckx se quedó encerrado.” Tras cruzar la meta en el velódromo con 12 segundos de ventaja, Roger de Vlaeminck se impone en su primera gran clásica, la Lieja-Bastogne-Lieja.
“Todos estábamos en contra de Eddy Merckx. ¡Incluso mi esposa! Durante las comidas del equipo Flandria sólo había un tema de conversación: Eddy Merckx, Eddy Merckx desde la mañana hasta la noche, para decidir qué íbamos a hacer para derrotarle.”
Giro de Lombardía 1974. Nuevo encuentro entre los belgas Roger de Vlaeminck y Eddy Merckx. 125 ciclistas toman la salida en Milán, en una mañana fría y húmeda salpicada por la lluvia. En la subida a San Fedele d’Intelvi comandan la prueba el danés Ole Ritter y el campeón italiano Enrico Paolini, pero el grupo de favoritos no está lejos. Paolini cede, y Ritter es alcanzado por Conti y Panizza. Sólo tienen quince segundos de ventaja con el grupo principal. La siguiente subida, a Schignano, es el punto elegido por Merckx para su furibundo ataque, que sólo es soportado por Panizza, De Vlaeminck, Perletto, Conti y Verbeeck. Tras el descenso, los perseguidores ya están a casi un minuto. Moser y Ritter encabezan la persecución por detrás, en un grupo en el que además están Gimondi, Maertens, Ovion, Thévenet, Bitossi y Danguillaume. Por delante Verbeeck y Panizza no pueden seguir el ritmo. Moser logra reducir la desventaja a 40 segundos, pero nada cambia hasta la línea de llegada del estadio Giuseppe Sinigaglia, donde De Vlaeminck se impone con facilidad. “Agradezco su gran trabajo a mi compañero Panizza, magnífico, que me llevó hasta Merckx y Conti en un momento delicado. Es un éxito que me llena de alegría, que había soñado y he realizado.”
“Cuando estaba Merckx no necesitabas ninguna táctica, sólo tenías que seguir su rueda. Su presencia me ayudó a mejorar, y ganarle fue un desafío.”
París-Roubaix 1975. Eddy Merckx comienza 1975 ganando la Milán-San Remo ante Francesco Moser, la Amstel Gold Race ante Freddy Maertens y el Tour de Flandes ante Frans Verbeeck. Se presenta en la París-Roubaix dispuesto, como siempre, a volver a ganar. Roger de Vlaeminck, que ya se ha impuesto en Roubaix en 1972 y 1974, que viene de ganar en invierno el Campeonato Mundial de Ciclocross, se perfila como su gran rival. El tercero en discordia puede ser el joven italiano Francesco Moser, que intentará impedir una victoria belga. Aunque el día de la carrera no llueve, sí lo ha hecho en los días anteriores, y cuando los ciclistas llegan al primer tramo de adoquines bañados en barro de Neuvilly, a falta de más de 100 kilómetros para la llegada, las caídas se suceden irremediablemente dentro del caos en el que se convierte la carrera. El bloqueo de la carretera por parte de coches y motocicletas que no pueden avanzar hace quedar rezagado a Moser, que ve cómo Merckx y De Vlaeminck lanzan su ofensiva intentando eliminarle. El trentino, acompañado de Ole Ritter y otros compañeros de equipo, necesita de una persecución de más de 40 kilómetros para volver a conectar con el grupo de favoritos, donde el belga Marc Demeyer lidera la carrera. Merckx y De Vlaeminck buscan sorprender a sus ya escasos adversarios, volando sobre unos adoquines tan pronto embarrados como, en un abrir y cerrar de ojos, secos y polvorientos. Neutralizan a Demeyer, pero el desaforado belga vuelve a intentarlo de nuevo, lo que obliga a Merckx a responder inmediatamente. Francesco Moser y Freddy Maertens, más allá del límite, ceden y pierden todas sus opciones. Sólo quedan en cabeza cuatro belgas: Marc Demeyer, André Dierickx, Eddy Merckx y Roger de Vlaeminck. El Caníbal no quiere llegar al esprint con su más acérrimo enemigo y lanza un ataque tras otro, pero a falta de ocho kilómetros para llegar al velódromo sufre un pinchazo. No solo no recupera el terreno perdido en cuatro kilómetros, sino que nada más llegar al trío cabecero lanza otro ataque. De Vlaeminck, Monsieur París-Roubaix, en un esfuerzo sobrehumano, no le deja ni un solo metro y se impone finalmente en un esprint agónico.
“Sobre la bicicleta siempre he sentido la necesidad de motivarme. Y que la carretera esté en mal estado siempre me dio moral. Sabía cómo estar listo para la París-Roubaix: la semana anterior entrenaba 350 kilómetros durante tres días. Corría la Gante-Wevelgem y me cambiaba el maillot y hacía otros 130 kilómetros. Un año hice 430 kilómetros en un día. Llamaba a Godefroot por la noche, para preguntarle si podíamos entrenar más tarde de lo acordado. Luego me levantaba a las 5 de la mañana. Cuando hacía buen tiempo salía detrás de una Derny con las luces encendidas. Cuando me juntaba con Godefroot ya había hecho 120 kilómetros, y le decía que estaba cansado porque acababa de levantarme de la cama, e intentaba convencerle para hacer un entrenamiento más corto, no merecía la pena hacer demasiados kilómetros. Necesitaba engañar a los demás para elevar mi propia moral.”
“Es bonito ganar, especialmente cuando derrotas a Eddy Merckx. Ganar la París-Roubaix de 1977 por delante de Willy Teirlinck fue una decepción, yo quería que Merckx fuese segundo.”
Tour de Flandes 1977. Tras el abandono de Eddy Merckx y tras realizar los últimos 80 kilómetros de la prueba a rueda de Freddy Maertens, Roger de Vlaeminck vence por primera y única vez en el Tour de Flandes. “Yo gané la carrera. Fui el único corredor que no tomó nada. El segundo fue descalificado por dopaje, no hubo segundo puesto en el Tour de Flandes de 1977.”
“Darle palmaditas a Eddy Merckx tras derrotarle, ese fue mi máximo placer.”
Milán-San Remo 1979. Con una cifra récord de 264 ciclistas en la línea de salida, pertenecientes a 30 equipos, el primer punto destacable del recorrido de 288 kilómetros se encuentra en la subida al Turchino, con sus serpenteantes curvas. El joven francés Bernard Hinault intenta moverse… Freddy Maertens abandona cerca de Savona, cuando quedan cerca de 100 kilómetros para la llegada en San Remo… Los grandes favoritos se vigilan de cerca… A 25 kilómetros de San Remo pincha uno de ellos, el jovencísimo Beppe Saronni. A pesar de que su compañero Gabriele Landoni le cede su rueda y de que Fuchs y Chinetti le ayudan en la persecución, sólo consigue entrar en el grupo a los pies del Poggio, con un gasto de energía no previsto. Tres belgas y un holandés atacan en cabeza la subida al Poggio: Jan Raas, Daniel Willems, Jean-Luc Vandenbroucke y Marc Renier, que cede. Con diez segundos de ventaja, Raas lo intenta, ataca, pero por detrás no falta casi nadie: Moser, Saronni, Beccia, De Vlaeminck, Hinault, Knetemann, Zoetemelk… Raas y sus compinches son atrapados en la bajada del Poggio y un grupo de 16 hombres se jugará la victoria en los metros finales. Saronni ataca a poco más de un kilómetro de la llegada, no confía en su poderoso sprint tras el esfuerzo anterior, pero no consigue abrir hueco. Quien sí lo consigue es el joven Mario Beccia, que a falta de un kilómetro lanza un durísimo ataque, que parece que puede ser definitivo. Beccia, gregario de Francesco Moser durante 1977 y 1978, había decidido abandonar las huestes del equipo Sanson tras verse intimidado públicamente por su capo tras atacar en montaña durante el Giro de Italia del 77. Tras superar a Beccia a menos de 50 metros para la llegada, Roger de Vlaeminck vence por tercera vez en la Classicissima, su última victoria en una gran clásica, tras sus triunfos de 1973 y 1978. “En la salida del Castillo Sforzesco no creía que aún pudiese ganar. Estaba muy nervioso, mi presión sanguínea era alta, 74 pulsaciones por minuto. En el Turchino me faltaba el aliento, me costaba respirar, todo causado por los nervios. Después, de repente, una vez que vi la pancarta del último kilómetro, volví a encontrar la confianza en mis posibilidades y en la recta de meta no he tenido grandes dificultades para imponerme a los velocistas. Moser ha hecho dos últimos kilómetros fortísimos. Intenté pasarle antes de los últimos 500 metros, pero no lo logré. Ya lanzado conseguí superar a todos, incluido Saronni. La carrera pudo haberse acabado antes de llegar al Poggio, después llegando a San Remo, pero ni Raas ni Beccia tuvieron suerte. En cada victoria, y en este caso debo reconocerlo, se necesita una pizca de buena suerte. Para ellos fue mala, para mí buena.”
“He ganado los cinco monumentos. Sólo Eddy Merckx y Rik Van Looy pueden decir lo mismo, pero la Vuelta a Suiza de 1975 es la mejor victoria de mi carrera. Vencí a Merckx tres veces en un día: en la sector de la mañana, en la contrarreloj de la tarde y en la clasificación general.”