
PRINCIPALES VICTORIAS
- Gent-Wevelgem: 1949
- Paris-Roubaix: 1943
- Flèche Wallonne: 1943, 1944, 1945
- Paris-Bruxelles 1938
- Tour de France: 6 etapas
- Road World Championships: 1938
OTROS RESULTADOS
- Ronde van Vlaanderen: 1938 (3º)
- Paris-Roubaix: 1939 (2º)
- Liège-Bastogne-Liège: 1938 (2º)
- Road World Championships: 1946 (2º)
MARCEL KINT (1914 - 2002)
Valkenburg, 3 de septiembre de 1938. Campeonato del Mundo amateur. 17 vueltas a un circuito de 10 kilómetros, con subida al Cauberg y descenso del Gueulemerberg. El equipo suizo demuestra una superioridad apabullante, con sus cuatro ciclistas clasificándose entre los diez primeros. El zuriqués Hans Knecht se impone al esprint a su compatriota Josef Wagner. Diggelmann es octavo y Vock, noveno.
Las escapadas se van sucediendo a lo largo de la prueba, y en ellas siempre hay un corredor suizo: Wagner en la cuarta vuelta, Diggelmann en la séptima, nuevamente Wagner en la novena, esta vez en solitario. Wagner rueda una vuelta sin compañía, para ser alcanzado después por otros cuatro ciclistas entre los que se encuentra nuevamente Diggelmann. El pelotón pierde terreno.
En la decimosegunda vuelta todo parece perdido para los otros dos suizos, Knecht y Vock, que intentan contactar con el grupo cabecero, viendo que sus posibilidades van disminuyendo cada minuto que pasa. Atacan en la subida al Cauberg y se destacan del grupo principal, pero tienen más de dos minutos de retraso. Dos vueltas después el grupo de cabeza está compuesto por diez unidades, cuatro de ellas suizas. Tras un ataque del holandés Demmenie en la decimoquinta vuelta, Knecht y Wagner contraatacan, le superan, y ambos se disputan la victoria. Aunque Wagner ha sido el más fuerte durante toda la prueba, es Knecht, de 25 años, amateur desde 1935 y trabajador en una industria textil, quien logra imponerse. Tras dejar atrás a Demmenie, ambos colaboran hasta la última subida al Cauberg, donde Wagner intenta sorprender a Knecht, sin conseguirlo.
Valkenburg, 4 de septiembre de 1938. Campeonato del Mundo profesional. 27 vueltas al circuito. La estrella del momento, el campeón italiano Gino Bartali, ofrece ciertas dudas sobre su rendimiento en un circuito en el que la subida al Cauberg exige un tipo de esfuerzo diferente al que está acostumbrado, y quizás holandeses y belgas, más habituados a esfuerzos cortos y brutales, tengan cierta ventaja sobre corredores de otras latitudes en un circuito de esas características. El desarrollo elegido por Bartali tampoco parece el más adecuado, con un 49x21 como combinación más ligera, quizás insuficiente para superar unas rampas que alcanzan el 13%. De los 36 ciclistas que toman la salida, sólo 8 conseguirán completar la totalidad del exterminante circuito, probablemente el mundial más duro de la historia junto al de Nürburgring de 1927. Antes de la salida, el único participante español, Luciano Montero, es penalizado por llevar publicidad en su maillot y es conminado a ocultarla. Tras recorrer dos vueltas, es descalificado por los comisarios por haberla descubierto nuevamente.
En la decimoprimera vuelta se forma la primera escapada seria, compuesta por el suizo Egli, el belga Neuville y el italiano Vicini. La lluvia empieza a caer con fuerza y el grupo principal se disgrega en la peligrosidad del descenso, estrecho, con una carretera cubierta de barro y en pésimo estado. En la decimotercera vuelta Neuville y Vicini no son capaces de seguir la rueda de Egli en el descenso, y son absorbidos por Fréchaut, Schulte, Van Nek, Braspenninck, Neuens y Kint. En la decimoquinta Egli comienza a desfallecer y su ventaja es de menos de un minuto. Bartali se encuentra ya a casi tres minutos. Egli es neutralizado dos vueltas después, pero vuelve a atacar en compañía de Neuville en la decimoctava, para ser alcanzados poco después por el holandés Van Nek. El terceto de cabeza llega a alcanzar los tres minutos de ventaja sobre Kint y Amberg en la vigésima vuelta, y sólo catorce hombres siguen en carrera. Bartali circula a más de siete minutos. Los primeros 200 kilómetros, con 20 subidas al Cauberg, se corren a una media cercana a los 35 kilómetros por hora.
Bajo una tromba de agua, el “Águila Negra” Marcel Kint y el suizo Leo Amberg van reduciendo la distancia que les separa de cabeza, del que se ha descolgado Van Nek. Kint lleva el peso de la persecución y cuando está a punto de neutralizar al dúo cabecero es François Neuville quien demarra y se va en solitario. En la vigesimocuarta vuelta, Neuville, que había estado a 15 segundos de ser neutralizado, aumenta su ventaja a los 40 segundos, momento en el que sufre una caída y rompe un pedal, teniendo que hacer casi 800 metros a pie. Son cuatro los hombres que quedan en cabeza: Kint, Amberg, Egli y Van Nek. Este último queda descolgado tras sufrir un desfallecimiento, y en la vigesimosexta vuelta el terceto de cabeza tiene más de un minuto de ventaja sobre Vissers y casi dos sobre Neuville, mientras Bartali ya no figura en carrera. Para el seleccionador italiano, Costante Girardengo, "el mal tiempo ha tenido gran culpa de nuestro desfondamiento. Teníamos confianza en Bartali y Vicini, pero no pueden sufrir bajo la lluvia, sobre todo si hace frío, como era el caso. Yo le había dicho a Bartali que los belgas iban a ser competitivos, que dejase ir a todos menos a ellos. No lo hizo, es un gran campeón pero le falta cabeza para las pruebas en línea."
Kint y los suizos Amberg y Egli se vigilan durante la última vuelta y aunque Van Nek se aprovecha de ello y vuelve a enlazar, vuelve a quedar descolgado en la última subida al Cauberg. Kint se impone con facilidad en el esprint final: "Creía que no podría subir por última vez el Cauberg, tenía calambres. Tenía un desarrollo demasiado grande y si los suizos se hubieran entendido creo que habrían podido descolgarme. Tras mi victoria en la París-Bruselas sólo pensaba en el campeonato del mundo. Tenía la intuición de que podría hacerlo bien y a veces las intuiciones tienen algo de cierto."
Tras imponerse en dos de las carreras más duras de 1938, la París-Bruselas y el Campeonato del Mundo, en gran forma durante todo el año, Kint pasa a ser considerado como uno de los campeones más grandes que Bélgica ha tenido a lo largo de su historia, siendo comparado con Georges Ronsse o Romain Gijssels. A sus 24 años, Kint se encuentra en los albores de lo que se presume será una gran trayectoria profesional. En 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, ante un horizonte que no le permite obtener grandes victorias internacionales, Kint abandona la ruta: "Voy a esperar al final de la guerra." Sin embargo, tras dos años de inactividad casi total, Kint vuelve a la competición. Intuyendo que la guerra no duraría demasiado, necesita recobrar la forma física. Además se empiezan a organizar nuevamente algunas carreras como la París-Reims o la París-Tours. Kint retoma los entrenamientos y, tras un período de arduo trabajo, el Águila Negra está de regreso.
Zúrich, 1 de septiembre de 1946. Campeonato del Mundo profesional. 270 kilómetros. Ocho años después de su victoria en Valkenburg, Kint se presenta en la salida con la intención de defender el maillot arcoíris obtenido en 1938. Después de siete horas de ducha pluvial y ante más de 100.000 espectadores, es derrotado por el zuriqués Hans Knecht, semidesconocido profesional con escasas victorias en su palmarés, con un campeonato suizo como triunfo más relevante.
Seis hombres se escapan en la segunda vuelta: Bintner, Berrendero, Ricci, Van Steenbergen, Tarchini y Vooren, a los que se unen Coppi y Caput poco tiempo después. Son también alcanzados en la sexta vuelta por Kint en un esfuerzo solitario. Tras él llegan Schulte, Middelkamp y Mathias Clemens, formando un grupo cabecero de doce hombres. Más tarde se unen Wagner y Kirchen; después, Guy Lapébie, Knecht y Leoni.
Vooren rompe su cadena en la novena vuelta y abandona. Berrendero desaparece. Gerrit Schulte pincha y necesita de cuatro vueltas de un esfuerzo brutal para enlazar, pero el holandés demuestra ser uno de los hombres más fuertes de la prueba. Tarchini rompe su cadena en la decimoprimera vuelta y abandona. Coppi pierde tiempo a causa de un tubular mal centrado y se para en el control de avituallamiento en la decimoquinta vuelta, pero los comisarios no reconocen el pinchazo y no le facilitan una rueda de recambio. Se constata el problema con el tubular, pero la rueda está en buenas condiciones y debe ser él mismo quien lo sustituya. Coppi, desolado, llorando, se sienta en un banco y, aunque consiguen hacer que vuelva a la carrera, lo hace rodando a 20 kilómetros por hora, para abandonar definitivamente poco después. En la decimoséptima Middelkamp rompe su cadena y abandona.
El Águila Negra se fuga del pelotón en un ataque salvaje en la vuelta 18 de las 20 que completan los 270 kilómetros de la prueba. La victoria parece suya dada la enorme fortaleza que muestra y su gran capacidad para dosificar los esfuerzos. Sin embargo es el también belga, compañero de equipo en el Mercier-Hutchinson y amigo de Kint, el joven Rik Van Steenbergen, quien lleva a Knecht hasta la rueda de Kint en la decimonovena y penúltima vuelta, cuando aún faltan 20 kilómetros para la llegada. A pesar de la extraña maniobra táctica de Van Steenbergen, la victoria belga parece segura. Cuando los tres ciclistas afrontan el último repecho de 2 kilómetros de pavés mosaico, sin grandes porcentajes, en torno al 3%, el rapidísimo Van Steenbergen parece ser el máximo favorito, pero incomprensiblemente pierde comba rápidamente. Kint, que había dominado la carrera a su antojo, aguanta inicialmente pero, paralizado, cede 300 metros después ante el ataque del suizo, que elige el momento adecuado. Cuando Kint intenta reaccionar ya es demasiado tarde. Muchos testigos afirman que el belga fue frenado por un espectador al inicio de la subida... Kint lo corroborará días después: "Merecía conservar mi título. Si pudiese poner las manos encima de ese loco que me sujetó del sillín, ese hombre iba a pasar un mal cuarto de hora." Kint cruza la línea de meta diez segundos después del vencedor; Van Steenbergen lo hace a un minuto.
Knecht fue el mejor en los últimos tres kilómetros sobre un terreno que conocía perfectamente, pero ninguno de los periodistas belgas que asisten al evento puede comprender lo que ha pasado y las sospechas sobre el flujo de francos suizos se van sucediendo. Van Steenbergen da su versión de los hechos una hora más tarde de finalizar la prueba: “Se están diciendo estupideces. La realidad es que yo estaba completamente vacío. He hablado con Marcel y me ha dicho que estaba bien, y yo le he hecho comprender que estaba al límite de mis fuerzas. Me ha dicho que iba a demarrar. Lo ha hecho y Knecht me ha llevado hasta él. Luego ha vuelto a demarrar en el inicio del repecho, pero esta vez no he podido seguir al suizo. Me han dicho que Marcel ha dicho que le han agarrado del sillín en la recta… Mala suerte. Sin embargo creo que si Marcel no podía irse en solitario, hubiese sido mejor no atacar. Puede que así hubiéramos llegado los tres al esprint y tanto yo como Kint hubiéramos podido batir a Knecht. El Águila Negra ha hecho un trabajo increíble, merecía haber conservado su título.”
Hans Knecht es, tras Jean Aerts, el segundo hombre que consigue ser campeón del mundo en las categorías amateur y profesional: “Kint y Van Steenbergen no se han puesto de acuerdo en ningún momento sobre la táctica a seguir para batirme. Van Steenbergen incluso me ha propuesto salir sin preocuparse de Kint, pero he pensado que era una treta y lo he rechazado. Mi sorpresa ha sido grande cuando Van Steenbergen se ha quedado al inicio de la última subida. En la subida he atacado al mismo tiempo que Kint, pero yo tenía alas… He ganado.”