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PRINCIPALES VICTORIAS

BRUNO LANDI (1928 - 2005)

  •    Antes de la salida sólo hay un gran favorito para la victoria en el Giro di Lombardia de 1953: Fiorenzo Magni. El toscano, que ya ha ganado tres veces el Tour de Flandes y dos veces el Giro de Italia cuando se presenta en la salida el 25 de octubre, sólo tiene un objetivo: la victoria en el velódromo Vigorelli de Milán. Loretto Petrucci y Antonio Bevilacqua entran en algún pronóstico advenedizo, pero es el helvético Ferdi Kübler, ganador ese año de la Bordeaux-Paris, quien figura como gran rival de Magni.

     

       Fausto Coppi, que poco más de una semana después obtendrá la victoria en el Trofeo Baracchi formando pareja con Riccardo Filippi, rehúsa a participar tras obtener dos meses antes por primera y única vez en su carrera el maillot de campeón del mundo, alegando fatiga tras una durísima temporada en la que también se ha impuesto por quinta vez en el Giro de Italia.

     

       Fiorenzo Magni no quiere ninguna sorpresa y coge la iniciativa desde el inicio de la prueba, formando un grupo con Fornara, Desmet, Dupont y el neoprofesional Nencini. La lluvia, el fuerte viento y el frío hacen que los abandonos se vayan sucediendo. Es entonces cuando un joven Vincenzo Torriani, patrón del Giro de Italia y también organizador del Giro de Lombardia, decide cambiar el lugar de la llegada. En lugar de celebrarse en la resbaladiza pista mojada del Vigorelli, la llegada se celebrará en Vía Giovanni da Procida, una calle adyacente al velódromo. Un cambio que horas después determinará el resultado de la carrera…

     

       Los escapados llegan a tener tres minutos de ventaja a su paso por Varese cuando se lleva poco más de una hora de carrera. El gran ritmo y las pésimas condiciones climáticas hacen que el pelotón se vaya fragmentando. El viento de cara también va minando las fuerzas de los escapados, y las diferencias se van reduciendo en el tramo central de la carrera, entre el Passo di Brinzio, Como y la aproximación al punto culminante de la carrera, la subida a Madonna di Ghisallo. La ventaja es exigua en el momento en que se inicia la subida y Pasquale Fornara ataca duramente en las primeras rampas del Ghisallo y se lanza en solitario, pero el acontecimiento que marcará el desenlace de la prueba es el abandono de Ferdi Kübler…

     

       Ferdi Kübler corría en ese momento para el equipo Tebag, pero no sólo sus compañeros de equipo eran los encargados de ayudarle en caso de necesidad. Era una época en la que los patrocinadores y marcas asociadas agrupaban a corredores de marcas más pequeñas bajo una misma infraestructura. Marcas como Fiorelli no podían asumir el gasto que implicaba participar en grandes clásicas como el Giro di Lombardia. Camiones, mecánicos, masajistas y coches de apoyo estaban reservados para grandes marcas como Legnano, Bianchi o Pirelli. Para paliar ese déficit se creaban alianzas entre los equipos más poderosos y marcas más pequeñas que tenían patrocinadores comunes. En ese contexto, los corredores de las marcas de menor presupuesto estaban obligados por contrato a ceder sus bicicletas o ruedas a las grandes estrellas internacionales si estas sufrían una avería mecánica. Y pocas estrellas internacionales relucían más que Kübler en esos momentos…

     

       Cuando se retira el campeón suizo, un joven neoprofesional del equipo Fiorelli, Bruno Landi, tiene libertad para mirar por sus propios intereses, la alianza entre el equipo Tebag y el Fiorelli ha quedado disuelta. Es otro joven del equipo Arbos, Bruno Monti, quien, con una fuerza desmesurada, alcanza y adelanta a Pasquale Fornara en los dos últimos kilómetros de la subida y es el primero en llegar a la cumbre del Ghisallo. Medio minuto después pasa Fornara, y a casi un minuto el inesperado Bruno Landi. Magni tiene un retraso de algo más de minuto y medio, pero quedan alrededor de 70 kilómetros para la llegada a Vía Giovanni da Procida…

     

       Once hombres se reagrupan en cabeza a falta de 35 kilómetros para la llegada: Monti, Landi, Cerami, Molinéris, Ockers, Conterno, Fornara, de Valck, De Rossi, Zampini y, tras un arriesgadísimo descenso al límite de lo humano, Fiorenzo Magni. Un grupo que permanecerá unido hasta el último kilómetro de la carrera…

     

       Damiano Chiesa, de profesión policía de tráfico, indica el camino que deben seguir tanto el vehículo de la organización como los ciclistas que le siguen: hacia la izquierda. Ante el inminente sprint, los nueve primeros ciclistas obedecen y se dirigen hacia un aparcamiento reservado. Los espectadores se dan cuenta del error y advierten a los corredores. Sólo dos de ellos toman la dirección correcta y corrigen el rumbo: Bruno Landi y Pino Cerami. Es el primero es que se impone en un sprint a dos. Pierre Molinéris, compañero de Landi en el Fiorelli, ocupa poco después la tercera posición, tras haber retomado el camino correcto junto a sus compañeros de escapada. Un iracundo Fiorenzo Magni ocupa la séptima posición y, llevándose las manos a la cabeza, repite una y otra vez que le han robado la victoria. Empapado de barro y agua, Magni se abalanza contra los jueces y la mesa de control de la carrera, pero a pesar de sus airadas reclamaciones y del clamor popular por la desastrosa organización, se mantiene a Landi como vencedor de la carrera. Los comisarios sepultaron cualquier queja explicando que fue un incidente externo protagonizado por una persona ajena a la organización.

     

       A partir de ese día Fiorenzo Magni tardaría años en volver a dirigir la palabra a Vincenzo Torriani. Bruno Landi no volvió a ganar una carrera importante y abandonó el profesionalismo en 1957.

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